CELEBRACIÓN PENITENCIAL DE ADVIENTO
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Esquema de la celebración:
· Monición de entrada · Canto: Vamos a preparar el camino al Señor · Oración · 1ª lectura: Flp 2, 5-11 · Salmo recitado por todos · Evangelio: Lc 19, 1-10 · Examen · Silencio · Peticiones de perdón y preces · Padre Nuestro · Oración final y bendición · Confesión y Absolución individual.
Monición de entrada:
Buenas tardes a todos. En este tiempo de Adviento en el que nos preparamos para celebrar y recordar el nacimiento del Hijo de Dios, es bueno que juntos nos pongamos ante el Señor para reconocernos pecadores y necesitados de su ayuda. Es lo que vamos a hacer con esta sencilla celebración. Esperamos del Señor su perdón y su misericordia. Esperamos que su luz ilumine nuestro corazón endurecido. Esperamos y le pedimos que esta Navidad, traiga para el mundo y para todos nosotros una mayor justicia y solidaridad. Y que la alegría inunde nuestro corazón para poder cantarle y alabarle para siempre.
Canto: Vamos a preparar el camino del Señor
Vamos a preparar el camino del Señor. Vamos a construir la ciudad de nuestro Dios. Vendrá el Señor con la aurora, El brillará en la mañana, pregonará la verdad. Vendrá el Señor con su fuerza, El romperá las cadenas. El nos dará la libertad. 1. El estará a nuestro lado. El guiará nuestros pasos. El nos dará la salvación. Nos limpiará del pecado, ya no seremos esclavos. El nos dará la libertad. 2. Visitará nuestras casas, nos llenará de esperanza, El nos dará la salvación. Compartirá nuestros cantos, todos seremos hermanos. El nos dará la libertad.
Saludo y Oración:
En el nombre del Padre..... La gracia de N/Señor JC, el amor del Padre y la comunión del ES... Buenas tardes a todos. Sed todos bienvenidos. Nos hemos reunido porque queremos preparar nuestro corazón para acoger mejor a Cristo. Que él rompa las cadenas de nuestro egoísmo y nos dé la libertad de espíritu suficiente para desprendernos de lo que tenemos, en favor de los demás. Que el Padre nos acoja con misericordia y el Espíritu Santo nos dé la alegría de descubrir el misterio de la Encarnación del Hijo de Dios. Todo esto lo pedimos con confianza por Jesucristo n/Señor. Amén Escuchemos ahora la palabra de Dios, para que despierte en nosotros deseos de convertirnos sinceramente...
Lectura de la carta del apóstol San Pablo a los Filipenses (2, 5-11)
Entre vosotros tened la misma actitud del Mesías Jesús:
El, a pesar de su condición divina, no se aferró a su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, haciéndose uno de tantos. Así, presentándose como simple hombre, se abajó, obedeciendo hasta la muerte y muerte en cruz. Por eso, Dios lo encumbró sobre todo y le concedió el título que sobrepasa todo título; de modo que a ese título de Jesús toda rodilla se doble -en el cielo, en la tierra, en el abismo- y toda boca proclame que Jesús, el Mesías, es Señor, para gloria de Dios Padre.
Palabra de Dios
Cantamos: Tu palabra me da vida...(sólo estribillo)
Salmo 15 para recitar juntos:
Tú eres, Señor, mi riqueza. Tú eres la riqueza, el valor consumado, patrón y fundamento de todos los valores. Sin Tí, el mundo se apaga, se enfría y se vacía. Tú das valor inapreciable a las cosas más sencillas, al beso, a la flor, a la semilla, y a la palabra. “Prefiero una palabra de tu boca a miles de monedas de oro y plata” Prefiero la mirada agradecida de un pobre, la caricia del niño, la mano tendida del amigo, la sana convivencia, a todos los valores de la Bolsa y a todos los dólares del mundo. La gente se desvive por el poder y el dinero: son dioses falsos que llevan insatisfacción en las entrañas. Acumulan preocupaciones, pesadillas, y ya no son libres ni dichosos. Dame, Señor, tu riqueza, hazte, Señor, mi riqueza y condúceme a tu pobreza. Enséñame el sendero de la vida, enséñame a perder en la vida, enséñame a perder la vida, para así ganarla del todo; así me saciaré de gozo en tu presencia, de alegría perpetua a tu derecha.
Cantamos: Tu palabra me da vida...(sólo estribillo)
El Señor esté con vosotros...
Lectura del Santo Evangelio según San Lucas: (Lc 19, 1-10)
En aquel tiempo, Jesús entró en Jerícó y empezó a atravesar la ciudad. En esto, un hombre llamado Zaqueo, que era jefe de recaudadores y además rico, trataba de distinguir quién era Jesús, pero la gente se lo impedía, porque era bajo de estatura. Entonces se adelantó corriendo y, para verlo, se subió a una higuera, porque iba a pasar por allí. Al llegar a aquel sitio, levantó Jesús la vista y le dijo: -Zaqueo, baja en seguida, que hoy tengo que alojarme en tu casa. El bajó enseguida y lo recibió muy contento. Al ver aquello, se pusieron todos a criticarlo diciendo: -¡Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador! Zaqueo se puso en pie y dirigiéndose al Señor, le dijo: -La mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres, y si a alguien he extorsionado dinero, se lo restituiré cuatro veces. Jesús le contestó: -Hoy ha llegado la salvación a esta casa, pues también él es hijo de Abrahán. Porque el Hombre ha venido a buscar lo que estaba perdido y a salvarlo.
Palabra del Señor
Homilía:
Una sóla palabra podría definir lo que Dios ha hecho por nosotros y por toda la humanidad: COMPASIÓN. Todo comenzó con la compasión y todo terminará con la compasión. Todo comenzó por la compasión que Dios sintió por el extravío del hombre, y desde esa compasión decidió enviar a su Hijo a este mundo para iluminar nuestra ceguera, para enseñarnos cómo se puede vivir siendo auténticamente hombres y mujeres. Eso es lo que celebramos este Adviento, y estas Navidades. La compasión de Dios hecha carne en este niño que se nos ha dado. La compasión de Dios que quiere despertar la compasión del hombre. Todo terminará también con la compasión de Dios cuando al final nos mostremos ante El desnudos, pobres y desvalidos y escuchemos esas palabras tan deseadas: “Venid conmigo, benditos de mi padre, porque tuve hambre y me dísteis de comer, tuve sed y me dísteis de beber.
El martes pasado, el Diario de Navarra, publicaba una entrevista con el filósofo navarro Aurelio Arteta, a raiz de la publicación de su último libro que precisamente habla sobre la compasión. Este sangüesino nos dice que la compasión es la primera y la última virtud del hombre. La compasión es también la clave para comprender la conversión de Zaqueo que hemos escuchado hoy en el evangelio. Primero la compasión que Jesús siente por este hombre, rico y recaudador de impuestos, hundido en su ambición y marginado por su condición de colaboracionista con los romanos opresores. La compasión mueve a Jesús a acercarse a Zaqueo, y este gesto inaudito para las gentes bienpensantes de su tiempo, desata en Zaqueo un volcán de sentimientos de alegría y compasión que le llevan a desprenderse en favor de los pobres de la mitad de sus bienes y a restituir todo lo robado.
Sí, la salvación entró en casa de Zaqueo de la mano de la compasión. La salvación está llamando hoy a nuestra puerta para que despertemos en nuestro interior esos sentimientos de compasión por todos los pobres y necesitados de este mundo. La compasión que ha de llevarnos a empobrecernos para que otros vivan. Como Cristo que se despojó de su divinidad, haciéndose como uno de nosotros, para darnos vida. La compasión o la misericordia es lo más grande en el ser humano es también lo más grande de Dios. El nos está invitando hoy y siempre a alcanzar cotas más altas de humanidad. Y esa humanidad pasa porque hoy nos compadezcamos efectivamente de nuestros hermanos más pobres. Porque sólo siendo verdaderamente humanos y compasivos seremos y nos podremos llamar hijos de Dios. Examen de conciencia A la luz de la compasión que Dios tiene por nosotros pecadores. Confiados en su perdón y en su misericordia, alegres porque su gracia nos da hoy una nueva oportunidad de cambio, examinamos nuestra conciencia. ¿Qué nos impide ser compasivos y misericordiosos? · Estamos quizás demasiado apegados a nuestra imagen. El orgullo nos impide reconocer nuestra miseria y debilidad ante los demás y nosotros mismos. Vivimos obsesionados con nuestra imagen y atemorizados por el qué dirán. Necesitamos ser más humildes para poder aceptarnos y aceptar a los demás. · Pecamos mucho de soberbia. Nos creemos los mejores, superiores a todos. Enseguida sacamos a la luz los defectos de los demás, sin fijarnos en la viga que tenemos en nuestros ojos. · Somos ricos. ¿Es pecado ser rico?. El pecado no está en el dinero sino en el uso que hacemos de él. El dinero acaba convirtiéndose en un dios que compite con la voluntad del Dios vivo y verdadero. Y esta voluntad de Dios es que todos tengan lo mínimo para tener una vida digna. Juan Pablo II ha dicho: dar de lo que nos sobra es de justicia, dar de lo que necesitamos es caridad. Acumulamos dinero y bienes sin darnos cuenta que se lo estamos quitando a otros. Dar de lo que nos sobra es hacer justicia, porque con ello restituimos la voluntad del Padre; dar de lo que necesitamos, esa la verdadera caridad. ¿Cuánto tendría que dar yo? ¿Cuánto podría dar yo? Lo importante no es la cantidad sino ponerse un proyecto, empezar un camino de progresiva generosidad y desprendimiento. · Cuando hablamos de compartir, enseguida pensamos en el dinero, y sin embargo también tenemos que compartir nuestro tiempo. Compartir ese tiempo que tan celosamente guardamos para nosotros mismos o para nuestras cosas. Dar con generosidad de nuestro tiempo a los demás. Tiempo en forma de compañía, diálogo, presencia, servicio a los demás. · Tenemos de todo o de casi todo, menos tiempo y ganas para estar con Dios. ¿Cómo vamos a conocer su voluntad si nunca nos paramos a preguntársela? ¿Cómo vamos a gozar de su amistad si nunca dialogamos con El? La escucha de la palabra y la oración, tan importantes para la vida del cristiano.
Silencio (5 minutos y se pasan los cestillos avisando del significado del gesto penitencial)
Peticiones de perdón: Recitadas por todos Después de cada petición cantamos “Perdón, Señor, Perdón” · Por nuestros pecados contra la justicia, por acción u omisión · Por nuestra falta de solidaridad. · Por nuestros gastos supérfluos. · Por nuestros apegos materiales. · Por nuestra vida consumista. · Por la dureza de nuestro corazón. · Por nuestra indiferencia hacia los demás. · Por nuestro rechazo al pobre. · Por nuestras ansias de tener y de placer. · Por nuestro egoísmo.
Preces: Recitadas por un lector (despacio) Señor, te pedimos: · Un corazón misericordioso, como el tuyo. · Que tengamos actitud de servicio y ayuda. · Capacidad para compartir, aun de aquello que necesitamos. · Capacidad para escuchar y dejarnos evangelizar por los pobres. · Fortaleza para denunciar las injusticias. · Que sepamos encontrarte en el pobre y en el que sufre. · Abrirnos de verdad a tu venida. · Que sepamos empobrecernos para que otros se enriquezcan.
Padre Nuestro
Oracion final: Recitada por todos Señor, con todos los hombres y mujeres que en la noche buscan la justicia, que van tras un destello de paz, que gritan el amor en el desierto.. esperamos la debilidad sorprendente saludamos a la inesperada luz, te recibimos a tí, vida de la vida que supera toda capacidad de esperanza.
Bendición y Canto: Hoy Señor te damos gracias
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