|
|
Mi soledad
Hoy, mi Señor, quiero hablarte de mi soledad; compañera elegida y querida, aunque no siempre bien asumida. Regalo que me entregas con el reto de hacerla fecunda para mis hermanos; soledad que no es desierto, ni huida del mundo, sino que está habitada por tantos rostros y nombres que, a ratos en su caminos, comparten su soledad con la mía, y del misterio de ambas soledades, surge un encuentro profundo; soledad habitada, al fin, por ti, el compañero absoluto de mis días y mis noches, quien da sentido a mi soledad.
Señor, enséñame a vivir en toda su profundidad, también en toda su dureza, esta soledad; sin esconderme, sin salir corriendo. De ella podrá salir una palabra certera de ánimo y consuelo, tu Palabra, para el hermano solo.
ANÓNIMO
Haz clic aquí..... para enviar esta página a tus amigos
|
|