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HAS RESUCITADO EN MI VIDA
Son las cuatro de la mañana, acabo de llegar a casa y miles de ideas rondan mi cabeza. Pienso en la cantidad de cosas bonitas que me han pasado hoy, me da por escribir. Enciendo el ordenador, compruebo mi correo, no hay nada. Abro el word y me pongo a escribir estas líneas. Y tengo la necesidad, por primera vez en mucho tiempo, de dirigirme a Dios. Quizá esté empezando a recobrar sentimientos perdidos, o simplemente adormecidos....
Señor, nunca antes había pensado llegar tan alto y caer tan rápido, cuando pensaba que mi fe era sólida y fuerte, empecé a dudar de todo. Pero ahí estás tu, manifestándote a través de las personas, para enseñarme que la duda, la crisis, son la oportunidad que me brindas para afianzar mi fe, para darle un nuevo sentido a mi vida. Como el ciego de Jericó yo también te pido que me hagas ver, que sea mi fe la que me salve. Necesito la ayuda suficiente para poder seguirte en medio de este momento de desesperanza y lucha interior. Necesito alimentarme de la fe de los demás para recorrer este camino de obstáculos que yo solita me he creado.
Y quiero, estoy dispuesta a todo lo que haga falta con tal de salir de esta oscuridad. Se que no es fácil porque seguirte exige voluntad, pero también se que puedo contar con tu apoyo.
Enséñame a ser Misionera de lo Cotidiano allí donde esté, a mostrar a la gente que la esperanza es aún posible en este mundo que vivimos.
Gracias por poner en mi camino personas increíbles, personitas que me ayudan a seguir. Las personas que me enseñan que el camino se hace andando, que el camino personal es el que cada uno recorre, con sus altos y bajos.
Gracias por enseñarme que aunque yo no te vea, como los discípulos de Emaús, tu siempre caminas a mi lado y me acompañas en la vida.
Gracias porque has resucitado en mi vida y lo he sentido. Gracias, de corazón.
Noe (M.C.)
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