Jesús, poniendo en él los ojos, le amó (abril)
Ambientación
Como símbolo para esta celebración, se puede colgar un dibujo con unos grandes ojos, que llevará por título el lema de esta celebración: <<Jesús, poniendo en él los ojos, le amó>>.
Recomendamos acompañar los momentos de meditación con alguna música suave.
Monición de entrada
Nos reunimos en esta tarde para orar por las vocaciones agustino recoletas. Tendremos como tema de reflexión la escena del joven rico. Es un buen momento para replantearnos el sentido de nuestra vida religiosa, a la vez que rogamos al Padre que sean muchos los que vengan a compartir nuestro propósito.
La oración por las vocaciones de hoy está marcada por una invitación a ser verdaderos testigos del Señor. Él nos ha convocado para mostrarnos el gozo de compartir la experiencia de nuestra vocación.
Himno - canto (Tú, Señor, me llamas. C. Erdozaín)
Salmos (del día o los propuestos para la celebración)
Lectura evangélica (Mc 10, 17 22)
Se ponía ya en camino cuando uno corrió a su encuentro y arrodillándose ante él, le preguntó: "Maestro bueno, ¿qué he de hacer para tener en herencia vida eterna?" Jesús le respondió: ¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sin sólo Dios. Ya sabes los mandamientos: No mates, no cometas adulterio, no robes, no levantes testimonio falso, no seas injusto, honra a tu padre y a tu madre." Él, entonces, le contestó: "Maestro, todo eso lo he guardado desde mi juventud." Jesús, fijando en él su mirada, le amó y le dijo: "Sólo una cosa te falta: vete, vende lo que tienes y dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo; luego, ven y sígueme." Pero él, al oír estas palabras, se entristeció y se marchó apenado, porque tenía muchos bienes.
Reflexión
<<Jesús, poniendo en él los ojos, le amó.>> Este es el amor del Redentor: un amor que brota de toda la profundidad divino-humana de la Redención. En él se refleja el eternos amor del Padre, que <<tanto amó… al mundo, que le dio su unigénito Hijo, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga la vida eterna>>. El Hijo, lleno de ese amor, aceptó la misión del Padre en el Espíritu Santo, y se hizo Redentor del mundo. El amor del Padre se reveló en el Hijo como amor que salva. Precisamente ese amor constituye el verdadero precio de la Redención del hombre y del mundo. Los Apóstoles de Cristo hablan del precio de la Redención con una profunda emoción: <<Habéis sido rescatados… no con plata y oro, corruptibles…, sino con la sangre preciosa de Cristo, como cordero sin defecto ni mancha>>, escribe San Pedro. <<Habéis sido comprados a precio>>, afirma San Pablo.
La llamada al camino de los consejos evangélicos nace del encuentro interior con el amor de Cristo, que es amor redentor. Cristo llama precisamente mediante este amor suyo. En la estructura de la vocación, el encuentro con este amor resulta algo específicamente personal. Cuando Cristo <<después de haber puesto los ojos en vosotros, os amó>>, llamando a cada uno y a cada una de una de vosotros, queridos Religiosos y Religiosas, aquel amor suyo redentor se dirigió a una determinada persona, tomando al mismo tiempo características esponsales: se hizo amor de elección. […]
Habéis escogido a Jesús de Nazaret, el Redentor del mundo, escogiendo el camino que Él os ha indicado.
Este camino se llamaba también el camino de perfección. Conversando con el joven, Cristo dice: <<Si quieres ser perfecto…>>; de modo que el concepto de <<camino de perfección>> tienen su motivación en el misma fuente evangélica. […]
[…]La llamada a la perfección pertenece a la esencia misma de la vocación cristiana. (Exhortación apostólica Redemptionis donum II, 3,4, 5)
Preces
Llenos de alegría y gozo por sentirnos llamados a la gran misión de anunciar la Buena nueva a todos los hombres, dirijamos al Padre nuestra oración confiada.
· Por la Iglesia, comunidad de creyentes en Jesús, para que no falten en ella sacerdotes que continúen anunciando la Buena Nueva en el mundo y celebrando la Salvación con sus hermanos, los hombres, roguemos al Señor. Te rogamos, óyenos.
· Por los sacerdotes y consagrados, para que vivan su vocación con generosidad y gozo, y por su testimonio de vida muchos jóvenes se sientan atraídos a revelarlos en su ministerio, roguemos al Señor. Te rogamos, óyenos.
· Por los padres cristianos, para que tomen conciencia de la responsabilidad que tienen en la comunidad cristiana y consideren la vocación de sus hijos como un <<don>> de Dios, roguemos al Señor. Te rogamos, óyenos.
· Por nuestras comunidades parroquiales, grupos cristianos y centros educativos, para que entre sus miembros se planteen la vocación religiosa y sacerdotal como una necesidad de la Iglesia y como un signo de madurez en la fe, que les lleve a poner su vida al servicio del Evangelio, roguemos al Señor. Te rogamos, óyenos.
· Por el aumento y perseverancia de las vocaciones a la vida agustino recoleta, roguemos al Señor. Te rogamos, óyenos.
· Por los formandos de nuestros seminarios y noviciados, para que abran su corazón, sin reservas, a la llamada de Jesús, roguemos al Señor. Te rogamos, óyenos.
Iluminados y animados por tu Palabra, te pedimos, Señor, por todos aquellos que nos sentimos llamados para proclamar tu reino. Sonténnos en las dificultades, confórtanos e los sufrimientos, asístenos en la sociedad, protégenos en la persecución, protégenos en la perseverancia, confírmanos en la fidelidad. Te lo pedimos a ti, que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
Padrenuestro
Elevemos al Padre eterno, sustento de toda vocación, la oración que su hijo, Jesucristo, nos enseñó: Padre nuestro…
Oración
Oh, Señor,
ve delante de nosotros
para guiarnos,
ve detrás de nosotros
para impulsarnos,
ve debajo de nosotros
para levantarnos,
ve sobre nosotros
para bendecirnos,
ve alrededor de nosotros
para protegernos,
ve dentro de nosotros
para que, con cuerpo y alma,
te sirvamos
para gloria de tu nombre.
(N. Söderblom)
Canto a María: Hija del Padre. C. Gabarain.