El joven Agustín
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0.- ACOGIDA
El equipo que preparó la reunión, organiza la sala y acoge a los participantes explicando el tema que vamos a tratar y los objetivos que tiene: Conocer a San Agustín en aquellos aspectos más próximos del joven. Aprender de él los caminos de la conversión rumbo a la felicidad.
1.- Inquietud – BÚSQUEDA DE LA VERDAD
Entre todos los Santos, padres, escritores, pensadores de la Iglesia, San Agustín es quien más influencia tuvo hasta el presente, en todos los ambientes: Teología, pensamiento y principalmente la vida. En este sentido, san Agustín más que maestro (aquel que todo lo sabe y tiene la pretensión de enseñar) es un camino. Alguien que apunta la salida cierta para la felicidad en medio de un mundo semejante al de él. Su vida, en la búsqueda de la felicidad, puede ser corroborada por todo joven.
Agustín y su tiempo
Agustín nació en el año 354 en Tagaste, en el Norte de África en un hogar dividido. Su madre Mónica, cristiana, y su padre Patricio, pagano. El retrato que el propio Agustín hace del ambiente familiar es cargado. Desde la infancia Agustín ve el contraste de la vida cristiana de su madre, y el ejemplo nada edificante de su padre. Además del ambiente familiar, con su peso negativo, Agustín tiene delante de si un mundo decadente. Toda la estructura del poder del Imperio Romano, comenzará a tambalearse, empujada por la disolución interna. Las costumbres austeras de los antiguos tiempos, fueron substituidos por la vida fácil. Os valores de la moral no existían más. El deseo de gozar el momento presente se imponía como ley. Era un clima de ‘la fiesta se acaba’. Este clima ejercía una gran influencia en los jóvenes. Agustín en la confesiones, nos habla de la búsqueda de la felicidad. Deseaba amar y ser amado. Pero, ¿dónde está el amor? ¿En la satisfacción de los sentidos? Todo indica que este joven no iba a encontrar una salida para sus búsquedas, sus indecisiones, sus angustias.
Las dificultades de una opción
Decimos que el tráfico de una gran ciudad es complicado. Pero no tanto. Hay señales por todas las partes apuntando la dirección. En los caminos del joven, no obstante, no es del todo así. Antes de encontrar el rumbo de las cosas, buscamos ansiosamente el camino de nuestra felicidad. Estudiamos y estudiamos, y cada día nos defraudamos más; nos volvemos desconfiados, nos armamos, nos defendemos. Contrariamente a lo que pasa en la vida, en el campo del espíritu parece que no hay caminos ciertos, dirección cierta. Los caminos se cruzan y entrecruzan. La desorientación aumenta. Cada día vemos menos claro. Las flechas que apuntan para la felicidad se empañan. Los atractivos de los comerciantes de ilusiones son muchos... En la adolescencia y en la juventud, las cosas se complican más. El adolescente y el joven, v la vida con ojos deslumbrados, y se bloquean. Por un lado, adoran la aventura y el riesgo; y por otro les gustaría tener un mapa con las indicaciones precisas, que exorcizasen los extravíos y garantizasen que, en el final, todo salga bien. Agustín también sintió y disfrutó de esta problemática, sobretodo porque, aunque su madre lo estimulase a vivir como cristiano, su padre lo animaba a ser un triunfador en la vida, sin importar como. ‘Si los otros podían, ¿por qué él no?’ Pero ¿encontraría así la paz? No.
2.- EXPERIENCIA DE LA PALABRA E INTERIORIZACIÓN AGUSTINIANA
(Para trabajar estos textos agustinianos, nos podemos dividir en subgrupos. Vamos a responder, en primer lugar a las preguntas. Alguien toma nota de las respuestas, y luego, leemos la opinión de Agustín sobre el tema. Al final haremos un plenario del siguiente modo: El secretario del grupo cuenta las opiniones del grupo y las de san Agustín, para tener una idea global de Agustín joven. El coordinador puede completar las opiniones ya que el tema es extremamente rico, haciendo la conclusión del tema y orientando hacia un compromiso.)
GRUPO 1: EL JOVEN Y LA CIENCIA Frecuentar el instituto o la universidad, tener cultura es una cuestión de honra y realización personal, en medio de un mundo donde hay grandes porcentajes de la humanidad que no tienen acceso a la educación y permanecen en el analfabetismo. Nos preguntamos: a) Al final, ¿para qué estudiar? ¿Cuál es la finalidad del estudio, de la ciencia? b) ¿El progreso de la ciencia trae felicidad? Justificad la respuesta c) ¿Qué provecho sacaste para tu vida de aquello que has leído? Cuéntanos.
Experiencia de San AgustínAgustín, con algunas dificultades, hizo todos los estudios de su tiempo: Gramática, Literatura y Oratoria, llegando a ser orador oficial del Imperador. Una buena parte de su vida fue profesor. Veamos lo que escribió acerca de esto.
1. “¡Oh Dios mío! Y ¡qué miserias y engaños no experimenté aquí cuando se me proponía a mí, niño, como norma de bien vivir obedecer a los que me amonestaban a brillar en este mundo y sobresalir en las artes de la lengua, con las cuales después pudiese lograr honras humanas y falsas riquezas! A este fin me pusieron en la escuela para que aprendiera las letras, en las cuales ignoraba yo, miserable, lo que había de utilidad. Con todo si era perezoso en aprenderlas, era azotado, sistema alabado por los mayores muchos de los cuales, que llevaron este género de vida antes que nosotros, nos trazaron caminos tan trabajosos por los que se nos obligaba a caminar, multiplicando así el trabajo y dolor a los hijos de Adán. (Conf. I, 14) 2. Aquellos estudios (de Retórica, superiores) que se denominaban honestos o nobles, tenían la finalidad de los debates públicos, de modo que era más aplaudido quien conseguía engañar mejor a los otros. Tal es la ceguera de los hombres, que hasta de su propia ceguera se glorían! Yo mismo, ya en el primer año de Retórica, me hinchaba de orgullo. Mis colegas eran llamados de “demoledores”. Es verdad que andaba con ellos, y me divertía con las barbaridades que hacían, especialmente con los más jóvenes, aunque en el fondo, no me gustaba lo que hacían. (Conf. 3,3) 3. Me llamó mucho la atención la lectura del Hortensio, de Cicerón. Este libro mudó mi forma de pensar. De repente dejé de interesarme por las bravuconadas y glorias vanas y pasé a buscar con ansiedad la sabiduría y la verdad. Cómo ardía en mi el deseo de volar de las cosas terrenas, ignorando que con esto, eras Tú, Señor, que actuabas en mi. ¿De qué me aprovechaba saber todo sobre las artes y las letras, y ser esclavo de mis pasiones? ¡Sabía todo sobre filosofía, y nada sobre Ti, Señor! Me enorgullecía de lo primero y medaba vergüenza lo segundo. ¿De qué me servían dones tan preciosos, si no les usaba bien? De que me aprovechaba la inteligencia ágil para entender aquellas doctrinas, en cuanto que, en materia de religión, era lerdo e ignorante? (Conf 3, 4)
GRUPO 2: EL JOVEN Y LA DIVERSIÓN a) Vivimos en la civilización de lo descartable, del consumismo. Oímos decir que el joven solo piensa en divertirse (no se interesa por el trabajo, por el estudio, solo piensa en gastar...). ¿Es cierta esa afirmación? ¿Hasta qué punto es cierta, y hasta que punto no? b) Hablar en joven, es hablar de alegría, diversión, fiesta. ¿Cuándo podemos decir que una diversión es sana, y cuando no? c) Mucha gente habla que San Agustín fue un “viva la vida”, un nuevo hijo pródigo... ¿Has oído hablar de eso alguna vez? ¿Eso es verdad? Di por qué
Experiencia de San Agustín1. Cierta vez fui a robar peras con unos colegas. ¿A cambio de qué? De nada. Me ensucié para nada. Solo nunca lo habría hecho, pero para no ser menos que mis amigos... (Conf. 2, 8) ‘Oh amistades enemigas, que me seducen para hacer el mal por puro pasatiempo, por el placer de perjudicar a otros, sin ganar nada con eso. Solo porque sentí vergüenza de no ser menos sinvergüenza que ellos’ (Conf. 2, 9) Sentía verdadera pasión por el teatro, donde se exponían las situaciones más degradantes de las personas. ¿Por qué será que sentimos placer ante las desgracias ajenas? ¿eso no es una locura? Y los artistas hacen eso por puro placer de provocar al espectador. Todo hombre quiere divertirse, pero no creo que sea esta la mejor forma (Conf. 3, 2) 2. Joven ignorante que era, deseaba ser casto, y decía: Dame la castidad, la continencia, pero no ahora –pues temía que Dios me escuchase muy deprisa, y que me curase luego de la concupiscencia, siendo que lo que yo quería era satisfacerme, y no parar (Conf 8, 7) 3. De los 12 a los 28 años fui seducido y seductor, engañado y engañador, dependiendo de la pasión de turno. Pública y probadamente. Siendo soberbio, vanidoso, supersticioso. Adoraba ser aplaudido. Daba la impresión de ser persona piadosa, dando alimento a los pobres y santos, para que saciando su estómago, intercediesen por mi ante los dioses (Conf 4, 1) 4. Aquí estoy, Señor, reconociendo mi ignorancia, y confesando mi pecado, para tu alabanza. Permite, Señor, que me acuerde de mis errores pasados, para poder alabarte siempre más. (Conf. 4,1) 5. Todo pecado, todo desvío de la voluntad de Dios, tiene la marca de la corrupción, perjudica a alguien, engañase a sí mismo, pervierte su naturaleza. Quien hace así, y se deleita en eso, te abandona a Ti, fuente de toda alegría, y se conforma con una pequeña parcela de bien, que toda criatura tiene
GRUPO 3: EL JOVEN Y EL SEXO
a) Solamente pronunciar la palabra ‘sexo’ sacude al joven, desde el dedo del pié hasta la raíz del cabello. Preguntamos: ¿Por ser esto algo natural, que todo el mundo siente, eso nos autoriza al uso del sexo, cuando, donde y con quien nos parece bien? b) Nuestra sociedad es altamente permisiva en el tema de la sexualidad. ¿es este un signo de progreso? Justifica la respuesta c) ¿Cuál es la diferencia, en este sentido, del joven con fe o sin fe?
Experiencia de San Agustín
GRUPO 4: LA BÚSQUEDA DE DIOS EN LAS SECTAS RELIGIOSAS
a) El joven es inquieto y curioso por naturaleza. También en el tema de la religión. En tu opinión, ¿por qué la gente cree en horóscopos y busca otras religiones? b) ¿Qué influencia tienen amigos y familiares para que la gente siga esta o aquela religión? Experiencia de San Agustín
1. “Animado por la lectura del Hortensio, que me convidaba a pensar en la búsqueda de la sabiduría y de la virtud, resolví estudiar la Biblia. Pero no me gustó. El estilo literario de ella no se puede comparar con el de Cicerón. Mas tarde descubrí que debemos aproximarnos a ella con espíritu sencillo, como niños, y no orgulloso, ensoberbecido. (Conf. 3,5) 2. En la búsqueda sincera de la verdad, e insatisfecho con la gloria y con la carne, Agustín busca una religión que lo satisfaga profundamente, plenamente. El transcurso es largo y penoso. Pero él no desiste. Sigamos sus pasos:
a) EL MANIQUEÍSMO: Desilusionado por la Biblia, vine a dar con unos hombres que hablaban sin parar, y que sabían cautivar por si oratoria; y porque hablaban de Dios, Jesucristo, y el Espíritu Santo. Decían: ‘¡nosotros tenemos la verdad! Pero de verdad no tenían nada, ni en lo que vivían ni en lo que hablaban sobre el origen del mundo, sobre Dios. Eran como bandejas en las que, estando yo hambriento de Ti, me servían el sol y la luna, pero no a Ti. Hablaban que estamos hechos a imagen de Dios, pero que Dios es origen del bien, y otro, origen del mal; que la justicia no es siempre la misma. Presentaban a Dios con perfiles humanos (virtudes y defectos)... Pasaba que yo no quería sólo satisfacer mi mente con cultura, sino mi corazón con Dios. Y me daba cuenta de las mentiras que decía el maniqueísmo, e, insatisfecho con las explicaciones que me daban, me dijeron que conversase con Fausto, obispo maniqueo, doctísimo y famoso por su elocuencia. Pero cuando le hablé de mis dudas, no me respondió y confesó su ignorancia. Por eso me desilusioné de los maniqueos (Conf. 3,6-7.10;5,3-8). b) ESCEPTICISMO: Estaban así las cosas y pensé que los académicos (escépticos) eran mejores que los maniqueos, al afirmar que se debe dudar de todo, y que el hombre es incapaz de entender la verdad. Esto era muy cómodo. Y perezoso para conocer a Dios, Verdad infinita y alegría de mi alma (Conf. 5,10) c) ASTROLOGÍA: También fui a caer en las engañosas predicciones e impíos delirios de los astrólogos, por medio de un amigo, Firmino, muy sabio. Pero Nebridio, mi gran amigo en seguida me mostró sus mentiras. Me contó que en una familia, había dos mujeres embarazadas: la patrona y la esclava. Las dos dieron a luz a la misma hora en la misma casa. ¿Entonces, por qué sus hijos tuvieron destinos diferentes? ¿No son los astros los que determinan el futuro de las personas? Ahí entendí que los pronósticos de los hombres, a veces, tienen el apoyo de la suerte, y que, a fuerza de hablar, acaban acertando por acaso (Conf. 4,3;7,6)
Influencia de los amigos en la conversión de Agustín:
Estaba extremamente vacilante. Me agradaba el camino del Evangelio, pero no quería asumir sus exigencias. Tuve contacto con Simpliciano, padre, hombre santo y sabio; Ponticiano, oficial del palacio del Emperador, que habló de gente importante que abandonaron el mundo para vivir en comunidad. Alipio, amigo de siempre, compartía esta misma inquietud... En Milán vive en comunidad con sus amigos, y su madre, para estudiar, conversar, poner todo en común, para juntos encontrar la verdad.
GRUPO 5º: LA CONVERSIÓN
a) ¿Qué es convertirse para ti? b) ¿Convertirse como hizo san Agustín, es bueno? ¿Por qué? c) ¿Qué es preciso para convertirse de verdad?
Experiencia de San Agustín1. ¿Qué es lo que está sucediendo con nosotros? ¿Qué estamos oyendo? ¡Se levantan los ignorantes y conquistan el cielo, mientras que nosotros, con toda nuestra ciencia, nos revolcamos en la carne y la sangre! ¿Tenemos coraje de seguirlos porque nos precedieron, y no tenemos vergüenza de no seguirlos? (Conf. 8,8) 2. Un montón de pensamientos acudían a mi mente. Me retenían unas bagatelas de bagatelas y vanidades de vanidades antiguas amigas mías; y me tiraban del vestido de la carne y me decían por lo bajo: ‘¿Nos dejas?’ y‘¿desde este momento no estaremos contigo por siempre jamás?’ y ‘¿desde este momento nunca más te será lícito esto y aquello?’ ¡Y qué cosas, Dios mío, qué cosas me sugerían con las palabras esto y aquello! Por tu misericordia aléjalas del alma de tu siervo. ¡Oh qué suciedades me sugerían, que indecencias! Pero las oía ya de lejos, menos de la mitad que antes no como contradiciéndome a cara descubierta saliendo a mi encuentro, sino como musitando a la espalda y como pellizcándome a hurtadillas al alejarme, para que volviese la vista. Hacían, sin embargo, que yo, vacilante, tardase en romper y desentenderme de ellas y saltar adonde era llamado, en tanto que la costumbre violenta me decía: ‘¿Qué? ¿piensas tu que podrás vivir sin estas cosas? Esto lo decía ya muy tibiamente, porque por otra parte se me dejaba ver la casta dignidad de la continencia, serena y alegre, no disolutamente , acariciándome honestamente para que me acercase y no vacilara extendiendo hacia mí para recibirme y abrazarme sus piadosas manos, llenas de multitud de buenos ejemplos: multitud de niños y niñas, numerosos jóvenes, hombres de todas las edades, viudas venerables y vírgenes ancianas. En todos ellos resplandecía las misma continencia, no estéril, sino fecunda madre de hijos... Y se reía ella de mi con risa alentadora, como diciendo: ‘¿No podrás tu lo que éstos y éstas?¿O es que éstos y éstas lo pueden por sí mismos y no en el Señor su Dios? El Señor su Dios me ha dado a ellas. ¿Por qué te apoyas en ti que no puedes tenerte en pié? Arrójate en él, no temas, que él no se retirará para que caigas; arrójate seguro, que él te recibirá y te sanará (Conf. 8,11,26-27. 3. Agustín quería estar solo. Se alejó de Alipio, y recostado debajo de una higuera, rompió a llorar profundamente, en cuanto gritaba: ¡Y tú, Señor, hasta cuando! ¡Hasta cuando, Señor, has de estar irritado! No quieras más acordarte de nuestras iniquidades antiguas. Me sentía aún cautivo de ellas y lanzaba voces lastimeras: ‘¿Hasta cuando, hasta cuando, ¡mañana!, ¡mañana!? ¿Por qué no hoy? ¿Por qué no poner fin a mis torpezas en esta misma hora? Decía estas cosas y lloraba con amarguísima contrición de mi corazón. Mas he aquí que oigo de la casa vecina una voz, como de niño o niña, que decía cantando y repetía muchas veces: ‘Toma y lee, toma y lee’. De repente, cambiando de semblante, me puse con toda la atención a considerar si por ventura había alguna especie de juego en que los niños soliesen cantar algo parecido, pero no recordaba haber oído jamás cosa semejante; y así, reprimiendo el ímpetu de las lágrimas, me levanté, interpretando esto como una orden divina de que abriese el códice y leyese el primer capítulo que hallase. Porque había oído decir de Antonio que, advertido por una lectura del Evangelio, a la cual había llegado por casualidad, y tomando como dicho para sí lo que se leía: Vete, vende todas las cosas que tienes, dalas a los pobres y tendrás un tesoro en los cielos, y después ven y sígueme, se había al punto convertido a ti con tal oráculo. Así que, apresurado, volví al lugar donde estaba sentado Alipio y yo había dejado el códice del Apóstol al levantarme de allí. Le tomé, pues; le abrí y leí en silencio el primer capítulo que se me vino a los ojos, y decía: No en comilonas y embriagueces, no en lechos y en liviandades, no en contiendas y emulaciones, sino revestios de nuestro Señor Jesucristo y no cuidéis de la carne con demasiadas deseos. No quise leer más, ni era necesario tampoco, pues al punto que di fin a la sentencia, como si se hubiera infiltrado en mi corazón una luz de seguridad, se disiparon todas las tinieblas de mis dudas". Entonces, puesto el dedo o no sé qué cosa de registro, cerré el códice, y con rostro ya tranquilo se lo indiqué a Alipio, quien a su vez me indicó lo que pasaba por él, y que yo ignoraba. Pidió ver lo que había leído; se lo mostré, y puso atención en lo que seguía a aquello que yo había leído y yo no conocía.” (Conf. 8,12,28-30). 4. Esto ocurrió en el mes de julio-agosto del año 386. En el mismo instante lo comunicó a su madre Mónica que saltó de alegría, y comenzó a alabar a Dios que ‘es poderoso para darnos más de lo que pedimos’. 5. ¡Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé! Y he aquí que tú estabas dentro de mí y yo fuera, y por fuera te buscaba... Llamaste y clamaste, y rompiste mi sordera; brillaste y resplandeciste, y fugaste mi ceguera; exhalaste tu perfume y respiré, y suspiro por ti; gusté de ti, y siento hambre y sed, me tocaste, y me abrasé en tu paz. (Conf. 10,27,38)
3.- EXPERIENCIA DE CONVERSIÓN – COMPROMISO
El animador del grupo orienta a todos a descubrir juntos un compromiso en la línea de conocer más a Agustín, buscar más a Dios en la propia vida o profundizar alguna de las dimensiones agustinianas que hemos trabajado en este tema.
4.- EL GRITO DEL CORAZÓN (Espiritualidad)
¡Oh Señor!, siervo tuyo soy e hijo de tu sierva. Rompiste mis ataduras; yo te sacrificaré una hostia de alabanza, que te alabe mi corazón y mi lengua y que todos mis huesos digan: Señor, ¿quién semejante a ti? Díganlo, y que tú respondas y digas a mi alma: Yo soy tu salud. ¿Quién fui yo y que tal fui? ¡Que no hubo de malo en mis obras, o si no en mis obras, en mis palabras, o si no en mis palabras, en mis deseos! Mas tú, Señor, te mostraste bueno y misericordioso, poniendo los ojos en la profundidad de mi muerte y agotando con tu diestra el abismo de corrupción del fondo de mi alma. Todo ello consistía en no querer lo que yo quería y en querer lo que tú querías. Pero ¿dónde estaba durante aquellos años mi libre albedrío y de qué bajo y profundo arcano no fue en un momento evocado para que yo sujetase la cerviz a tu yugo suave y el hombro a tu carga ligera, ¡oh Cristo Jesús!, ayudador mío y redentor mío? ¡Oh, qué dulce fue para mí carecer de repente de las dulzuras de aquellas bagatelas, las cuáles cuanto temía entonces perderlas, tanto gustaba ahora de dejarlas! Porque tu las arrojabas de mí, ¡oh verdadera y suma dulzura!, tu las arrojabas, y en su lugar entrabas tu, más dulce que todo deleite, aunque no a la carne y a la sangre; más claro que toda luz, pero al mismo tiempo más interior que todo secreto; más sublime que todos los honores, aunque no para los que se subliman sobre sí. Libre estaba ya mi alma de los devoradores cuidados del ambicionar, adquirir y revolcarse en el cieno de los placeres y rascarse la sarna de sus apetitos carnales, y hablaba mucho ante ti, ¡oh Dios y Señor mío!, claridad mía, riqueza mía y salud mía'. (Conf. 9,1)
Podemos finalizar cantando: Tarde te amé
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